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Hablar de cuidado no es agregar una tarea más a la agenda. Es revisar la forma en que hacemos posible que las tareas, los vínculos y los aprendizajes puedan continuar.
El cuidado se vuelve visible en la práctica
Un equipo puede comenzar preguntándose qué necesita cada persona para participar, qué señales indican sobrecarga y qué acuerdos permiten responder antes de que el malestar se vuelva una urgencia.
- Abrir un espacio breve de escucha al inicio de una jornada.
- Distribuir responsabilidades de manera explícita y revisable.
- Definir cómo se solicita apoyo y quién puede ofrecerlo.
Cuando los acuerdos se conversan y se revisan, el cuidado deja de depender de la buena voluntad de unas pocas personas.
